
Hace poco tuve una entrevista de trabajo en el Centro capitalino. Me acuerdo que esa mañana me esmeré para que todo saliera bien. Mi billetera llevaba meses dando alaridos de dolor para que la alimentara con Gabrielas, Arturos o Andreses (en el mejor de los casos) y tenía que remediar la situación. Bueno, iba camino al lugar preocupado de todos los detalles cuando me fijo en un ejecutivo que iba al frente mío. Su rápida manera de caminar llamaba la atención porque o había robado una modesta tienda o se estaba escapando de alguien, o de algo... Mis sospechas eran fundadas, porque el ejecutivo no había encontrado nada mejor que "ventilar sus tripas" (miren que suena digno!) al frente mío y al parecer estaba caminando rápido para dejar el aroma atrás con la tramposa y cínica estrategia del "yo no fui, quien habrá sido el podrido?!". Bueno, parece que el muchacho se había comido una buena porotada la noche anterior, tanto así que estando sin ninguna compañía exclamé fuerte "Uy el viejo hediondo!". Nadie oyó, creo. Lo peor es que como yo seguía caminando atrás del oloroso se podría decir que su hedor me perseguía, o lo que es peor, yo perseguía al hedor.
Bueno, finalmente pude llegar al edificio en el que me torturarían en pocos minutos más. Estaba convencido de que el mal olor del tal-por-cual me había dejado la ropa pasada a legumbres. Fui al baño, me saqué el abrigo y el chaleco y los ventilé con un simpático movimiento de vaivén. En eso sale un muchacho de una de las "casitas" y me mira intrigado. Como no pude explicarle la situación lo miré con cara de enojo y seguí con mis faenas. Pasé varios minutos en este proceso hasta que llegó la hora de la entrevista. Subí rápido a la oficina de mi simpática torturadora, me senté y empezó mi agonía. Estuve toda la entrevista más pendiente de los rasgos faciales de la lola que de las cosas que yo respondía. Yo tenía que estar muy alerta por si en algún minuto la señorita arrugaba su nariz porque ese era el primer signo de que la porotada llegaba a nosotros, como si, cual espiritistas, la hubiésemos invocado del más allá. Parece que la muchacha no olió nada porque no sólo se despidió amable sino que me contrató.
Hubiese sido más entretenido si el 'oloroso amigo' hubiese sido quien te hubiese hecho la entrevista y te hubiese contratado ... siendo tu jefe el día de hoy jajajaja.
ResponderEliminarUn jefe con ventilaciones.
Esperamos el próximo Rafa!
Angie.
por favor dime que no fue verdad eso de la ventilación!!!
ResponderEliminarRafaaa y te contrataron!!!! cuándo me invitai a almorzar? jajajajaja besos!!!
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