
La Juanita estaba de cumpleaños, la Juanita quería un regalo, este servidor necesitaba comprarlo. Nunca me complico con los regalos para mujeres, siempre me tiro por lo más fácil: chocolates. Yo sé que probablemente no se los comen ellas sino que los reparten entre sus hermanos, pero ese no es mi problema.
Bueno, llego a la farmacia con otros 3 clientes, me paseo por todos los pasillos y no encuentro chocolates, ni siquiera de los dietéticos que tienen menos cacao de lo que yo tengo de europeo. Cuando estaba deambulando desesperado buscándolos en el sector de las toallitas femeninas un guardia me pregunta si estaba buscando algo. "Habiloso el muchacho", pensé irónico. Pero recapacité, claramente la pregunta apuntaba a un "Qué estas haciendo en el sector toallitas, hay algo de ti que no sepa?" Intuyendo lo que estaba pensando le di más explicaciones de las que yo quería darle. "Necesito un chocolate para una amiga que está de cumpleaños, pero como estamos a fin de mes no me queda mucha plata así es que me iba yendo", dije con verborrea. Parece que el cabro estaba aburrido en el turno porque me ataja de un ala y a grito pelado llama a la jefa para que me venga a ayudar. El resto de los clientes tiene que haber pensado que yo estaba aplicando robo hormiga, y como soy de pelo oscuro los hechos calzaban. Al rato aparece la jefa, una madurona morenita de un aliento tan imponente como las curvas que su horrible uniforme dejaban ver. "Cuál es el problema?", pregunta con sonsonete centroamericano. De lejos los clientes miraban a la morenita, al atinado guardia y al roteque del robo hormiga.
"Es que... tengo amiga... cumpleaños...tengo poca plata... chocolates no hay... que le podré regalar?" dije mientras la morocha mujer me revisaba con la mirada. A estas alturas me sentía en un reality, explicando a la señorita cuál era mi problema con 4 pares de ojos fijos en mí.
Más relajada me lleva al sector de cremas naturales donde todas bordeaban las 20 lucas, parece que el concepto "poca plata" era completamente distinto en su país de origen. Mientras me explicaba las ventajas de las cremas antiarrugas yo ponía cara de interés, como si de verdad fuera a comprar una. Y si las cremas antiarrugas no eran suficientes la mujer me pregunta: "¿Qué edad tiene tu amiga? también puede ser algo para las estrías...". No sé que cara le puse, pero la mujer entendió perfectamente que si llegar con crema ya era raro para un hombre, llegar con una antiestrías era como para que me linchen en el living de la Juana.
Al final compré una de las típicas, me despedí de la morenita y le di las gracias al guardia. Ahora el problema iba a ser regalar la crema sin que la Juana cambiara su imagen de mí. Llegué a la casa apretujé a la agasajada, le pasé el regalo medio escondido y le dije que me diera las gracias por "los chocolates". Lo abrió con cara de sorpresa y acto seguido cumplió la orden. Yo daba las gracias por no haber elegido la crema para las arrugas ni para las estrías. Arrugas la Juana no tenía, ¿estrías? estoy seguro que tampoco.
wuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajjajajajajja
ResponderEliminargrande rafael... muy bueno... tu y tus historias.... jaaajajja
wena rafiki me encanto! felicidades y sigue asi q voy a leerlo siempre!!!!
ResponderEliminarbsitos!
jajajajja que manera de reirme rafa!! gano aplausos la historia... sigue escribiendo!!
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