
Iba en el Metro y al frente mío un señor tosía y tosía. De repente se tapa la boca y un gentil escupo sale de sus fauces y se instala en su mano. En vez de limpiarse con un pañuelo, o por último en el pantalón, el muchacho se afirma de unas de las barras donde usted, señor lector, se agarra por seguridad. Después de un rato se suelta y una hilacha de baba hace las veces de puente entre la mano y la barra.
Esto reafirmó mi teoría de que, en caso de choque, prefiero quedar estampado en el vidrio del conductor que sujetarme de esos fierros infestos.
Waaaaaaaaaaaacala!!!! sí, siempre he desconfiado de los fierros de micros y metros... por eso uno se lava las manitos cuando llega a la casa!!! por esos personajes sin hábitos higiénico básicos...
ResponderEliminarjajajaja, que asco, me acordé de esos viejos que se les formá una especie de saliva acumulada en la boca y que no cachan que las tienen y te siguen hablando
ResponderEliminarsaludos
eewww!!! mil veces surfear con los pies estrategicamente bien puestos en el suelo del metro que tocar ese nicho de bacterias...aunque me cueste el nunca ganarme las 25 lucas a la BIP que da el viajero incognito al mejor usuario....:(
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